Lapislázuliz

Palabras en el aire que buscan ser respiradas.

Imagen: Lizbeth Alvarado C.

La calma de tu sueño en mi almohada
tu respiración de madrugada
tus pequeñas manos congeladas en mi cabello.
Te veo tan frágil, tendida en el espacio
pero ahí estás, cansada por el juego
después del canto y el colegio.
Aún entre dormida creas una sonrisa infinita,
me arrullas, aunque sigilosa me duermo
a tu lado no hay silencios.

Si evitamos soñarnos y nos encontramos mano con mano
en el mismo malecón,
bajo el mismo faro, sobre el mar
con la luz de un recuerdo
con la voz del olvido
con la promesa del entendimiento.

Yo te vería por fin sentado sobre las piedras
jugando con tirarlas al mar
entre diciembre y febrero
cuando el sol y la luna
se aman aún a la 5 de la tarde.

Te acompañaría,
sobre tu hombro recostada
y me quedaría de tu mano abrazada
esperando que me cantes un beso.





Y si tu lengua le cuenta a mi oído
lo dulce que es tu voz entre dormida.

Y si tus besos a las 6 de la mañana 
me despiertan sin escalofríos y me envuelves 
en la sábana de tu cuerpo tibio.

Y si tus dedos caminan sobre mi espalda
desnuda de sueños, de dolores, llena de paz.

Y si tus piernas, blancas y largas,
juegan con las mías a no dejarnos escapar.

Y si tú, con la misma calma, desabrochas los pliegues
de mi intimidad.

Y si tu alma y la mía jamás se hacen sombra en la oscuridad,
si seguimos decididos a ver el mar a través de la libertad,
si sigues a mi derecha descansando
si ves que las arrugas en la piel no son desgaste 
sino eternidad.

Yo prometo ponerle azúcar y sal a nuestra soledad. 

Te veo dormir entre los brazos de la sábana
y escribo para no torturarme,
estás a mi derecha, conversando con mi respiración
mientras acaricio la calentura de tu brazo
aunque ni sientes mi tacto.

Me enseñas los caminos por los que divagas,
yo solo escucho tus discursos,
los fundamento en cada sentencia,
en cada firme decisión
en la que inviertes tus segundos al hablarme.

Y me veo en tus sueños
nadando entre tus cejas,
entre el espacio que tu piel y la mía dejan
mientras señalizas mis labios con tus formas
y yo sólo espero
porque con tu risa llega la calma a mi tormenta.


Y este soundtrack está recién estrenado:

Admiro su belleza, pero temo su ironía.
Mérimée


Y yo te he visto llorar sobre las piedras,
no por mí, no por nadie,
sólo por ti y tu belleza herida.

Y te he admirado,
he besado tu piel con mis dedos
nunca a tu alma
no me dejabas entrar en ella.

Entendí tu silencio...


Estos días, los que pasaron
los que vienen
te abrazan a mí,
te encierran en la cárcel de mis besos
que construiste indestructible
para que ni la distancia la supere.

Tus huellas, ahora que no estás
brotan como la miel
dulces sin hastiar,
las reproduzco en mi piel
y te niegan el abandono espiritual.

Magnífica tu alma que vuela y vuelve
que se queda en la penumbra de mis celos
que espera la mirada insegura de mi deseo
y te ríes, de alegría extrema
y lloras, lloramos
cuando cada uno se aleja.


Gracias por el soundtrack, Tulipán.

                                                                   Huanta, Ayacucho - Perú

Los dedos en la frente
los pies descalzos en el barro después de la lluvia
las miradas a las nubes negras aún
la gente, por vez primera, se acuesta en la acera
esperando el rayo de Dios
¿llegará aquél rayo impetuoso?
Ellos creen que sí,
¿yo?
qué importa lo que yo pienso
si existe la fe.

Ya dan las 4 de la mañana
me veo recostada en un santo
que no sé cómo se llama
que me mira como Dios lo haría
profano su casa y me duermo.
Hay miles como yo
hay miles, pero nos separa la indiferencia
de recibir la hostia hoy
pero qué importa lo que yo pienso
si existe el amor.